07 octubre 2005


Después de algo más de tres semanas trabajando en el aula empiezo a sentirme parte de ella y parece que todo va sobre ruedas a pesar de las adversidades y las limitaciones de mis alumnos. El trabajo con autistas es agotador pero fascinante: dales orden y control de las situaciones y conseguirás que se sientan bien, no dudan en transmitir esa sensación cuando la situación les es favorable y son capaces de predecir los acontecimientos.

No obstante, el miedo inicial de afrontar un aula específica de autismo está dejando paso a una creciente ilusión por hacerles la vida más fácil, ayudarles a sentirse más felices y tratar de conseguir que sus vidas progresivamente sean más autónomas de lo que ahora son, la supervisión por nuestra parte y la indefensión que tienen les hace muy dependientes, y mi objetivo no puede alejarse nunca de la reducción de esa dependencia favoreciendo su autonomía, al menos en el aula y en sus casas.